jueves, 30 de agosto de 2007

Salvados por una rata. Los estrenos de verano.

El verano es siempre esperado con ansias por la comunidad cinéfila. Es cuando se estrenan las grandes producciones o las esperadas secuelas de alguna trilogía. Este año el verano estuvo invadido por Magos que dejan de ser niños, Robots en busca de la chispa divina, Ogros próximos a ser padres y una Rata que quiere ser Cheff.

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La quinta parte de la zaga del Mago adolescente, Harry Potter y la Orden del Fénix era sin duda de las más esperadas por toda la horda de fanáticos del mago británico, sin embargo, esta vez el mago no logró hechizarnos. La batalla de los magos, que era de las secuencias más ansiadas pasó sin pena ni gloria por la pantalla, Dumbledore pasó de ser el gran mago y mentor de Harry a un gris y apesadumbrado anciano que se supone es quien motiva al adolescente a luchar, le conmina ahora a no pelear. Toda la historia transcurre sin sobresaltos aportando solo como dato interesante el hecho de que el padre de Harry Potter no era ni de lejos una santa palomita como nos habían hecho creer y por otro lado nos dejan muy claro que todos quieren tomarse la foto (o el fotograma ) con el mago, vemos desfilar por ahí a grandes actrices como Emma Thompson (Sensatez y Sentimientos, 1995)haciendo de la maestra Trelawny, Helena Bonham Carter (El club de la Pelea, 1999) como la bruja Bellatrix Lestrange con papeles secundarios que apenas si murmuran una línea y al actor Ralph Fiennes (El paciente Inglés, 1996) interpretando al malvado Lord Voldemort (oops el que no debe ser nombrado). Incluso los fans se quejaron porque el director David Yates decidió omitir personajes y datos que eran esenciales para entender toda la historia y el hecho de que esta vez la película duro media hora menos que sus predecesoras. Esperemos que en la próxima entrega agreguen los ingredientes que le faltaron a esta poción, aunque será el mismo director el que dirija Harry Potter y el Príncipe Mestizo, quien hasta ahora solo habia hecho películas para TV y series.

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Los que alguna vez vimos la serie de los 80’s Transformers queríamos ver la película homónima para acordarnos que alguna vez fuimos niños y encendíamos el televisor para ver nuestra caricatura favorita, los robots que se convertían en carros, los Autobots; y sus enemigos los Decepticons que se volvian aviones. El director Steven Spielberg (Parque Jurásico, 1993) convertido en productor decide hablarle al director Michael Bay (Armageddon, 1998) para que dirija la película Transformers, basada en la serie animada. Bay a regañadientes y sin ser fan de la serie acepta la propuesta y nos entrega un catálogo de efectos especiales de última generación y de los modelos automotrices de la General Motors, razón por la cual el personaje Bumblebee no es un “vocho” de la VolksWagen como en la serie original. Los robots en verdad parece que estan ahí interactuando con los actores, pero ¿y? Transformers es el pretexto ideal para una vez más mostrarnos la paranoia y las fobias del gobierno de Estados Unidos que siempre trata de encontrar enemigos fuera de su territorio. ¡Son los chinos! ¡Son los de Irán! Dicen los agentes del FBI mientras investigan la destrucción de su base militar en Quatar, que fue atacada por un robot decepticon. Las secuencias de acción son tantas y tan vertiginosas que no sabes si la película viene o va y ni hablar de la historia con humanos, la cual se reduce a un adorno de la historia principal. Si se supone que estos robots son inteligencias tan avanzadas ¿Por qué actúan como imbéciles y orinan con gasolina a los humanos? ¿Por qué uno de ellos no puede desarrollar el lenguaje humano y habla a través de canciones en la radio? Claro tenía que haber un chistosito en la historia ¿Verdad Jar Jar Binks? Pero lo más ridículo es que ahora resulta que los grandes descubrimientos de la ciencia como el microchip, fueron descubiertos gracias a que los “científicos” estadounidenses se dedicaron a estrujarle las entrañas a un robot que se encontraron en los hielos polares. Perdón, ¿Cómo dijo?

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La tercera parte de Shrek es en pocas palabras el resultado de exprimir una idea hasta el hartazgo para obtener beneficios económicos. La imagen de Shrek estaba hasta en el papel higiénico. La espontaneidad y la irreverencia de la primera parte se esfumaron dando como resultado una triste secuencia de malos comediantes que apenas logran arrancarte una mueca, vamos ni siquiera una sonrisa de lo forzado que resultan los momentos “chistosos” de la película.

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Si fueran a un restaurante y después de haber disfrutado un exquisito platillo les dijeran que fue cocinado por ratas ¿Lo creerian? Pues es lo que sucede en la película Ratatouille, la entrega para el verano de Disney-Pixar. Hacía tiempo no veía una película que me dejara con tan buen sabor de boca. La historia de la rata que quiere ser chef pero por su condición de rata tal sueño parece imposible de llevar a cabo y que al final después de mil peripecias ve su sueño hecho realidad no puede ser mas esperanzadora. La rata Remy, somos todos. Todos tenemos sueños, pero siempre nos ponemos miles de trabas antes siquiera pensar en que vamos a conseguir algo. Somos nosotros mismos los que encerramos a la rata en el envase para que no logre su cometido. Siempre habrá alguien que con la mas pura envidia nos diga ¿Tu? ¿Cómo crees? o nosotros mismos al auto limitarnos o sabotearnos. La felicidad esta en la palma de la mano, solo hace falta abrir el envase para que salga la rata a realizar sus sueños. Ratatouille muestra, con todo lo trillado que pueda parecer, la idea de que no importa tu condición, tu apariencia, de donde provienes, tus defectos, si crees en ti mismo eres capaz de lograr lo que te propongas. Y a veces hace falta que alguien te lo recuerde. Bien por Disney-Pixar, que sin tantas pretensiones y sin tanto ruido, trajo a la pantalla una historia que por sencilla, resulta maravillosa. ¡El verano esta salvado!

Carlos A. Canché Jiménez

carloscanche@gmail.com

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